domingo, 28 de febrero de 2016

Capitulo 15

Mi pequeña, mi niña. Te preguntarás del por qué de esta carta. Ya no sé cuánto más resistiré esta enfermedad, ni tampoco sé cuanto más podré callar este secreto que me abrasa. Sigo sin entender que mal hizo tu padre para merecerse estar encerrado, siendo inocente. Sí, hija, inocente. Ya no puedo soportar más este calvario y necesito contarte la verdad. 

Tu padre no mató a la abuela, tu padre la quería tanto como yo. Tu padre se ha visto envuelto en una trampa generada en torno al odio que sentía mi padre por alejarme de su lado. He estado amenaza por mi propio padre. Mi padre. Mi padre amenazaba con denunciar una incapacidad psicológica inexistente para cuidarte y ellos, al tener al cargo a tu tío Esteban, tampoco podían cuidarte, por lo que te apartarían de mi lado. No soportaría perderte, por lo que callé y dejé que tu padre fuese encarcelado. Perdona hija, estarás con una cara de sorpresa y sin entender lo que lees. Te lo aclaro ahora mismo. Tu padre no mató a tu abuela, fue tu tío Esteban, pero fue un accidente. No lo hizo queriendo, pero mi padre prefirió protegerlo y culpar a tu padre, en vez de contar la verdad. ¿Y si no hubiese pasado nada? ¿Y si lo hubiesen visto como un accidente doméstico? Y ahora, está todo más liado. Cariño, siento que te hayas enterado así de la verdad. Ayuda a tu padre, princesa. Hazle saber que estás ahí para él.
Tu madre, que te quiere. 

-¿Y bien? -Preguntó Susana a Miguel, temblorosa y asustada por su posible reacción. 
-¿Y bien? ¿Eso es lo único que me preguntas? Susana, tienes en tus manos la posibilidad de salvar a tu padre, sin informes ni tonterías. ¿Por qué te la juegas tanto? 
-Porque no es suficiente con la carta. El abogado de mi padre habló con el juez que lleva ese caso y le ha dicho que la carta no es suficiente, que puede ser una manipulación. Necesito estos informes, Miguel. Por favor, no me denuncies a nadie. 
-Tranquila, Susana. Me pediste que te escuchara, que intentara entenderte. Así que, voy a ayudarte. No voy a delatarte. 
-Pero no me conoces, no sabes si te puedo estar mintiendo con esta carta.
-No me hace falta conocerte. Sé que no lo haces. -Y los dos se quedaron mirando el alma del otro a través de sus ojos.
-Gracias.

Susana llegó a casa y su tía la esperaba sentada en la cocina. Pero no estaba sola, Santos estaba con ella. La situación parecía incómoda, Susana se esperaba lo peor. ¿Qué hace en casa de su tía? ¿Desde cuándo está ahí? ¿Habrá pasado algo con su padre? Y lo más importante, ¿habrá contado algo?
-¿Que tal, Susana? - Preguntó Aitor con una pregunta más que estaba oculta en su mirada. -¿Todo bien? - Y ahí estaba la pregunta. Una pregunta muy normal para su tía, pero que para ella tenía oculto un mensaje que había sabido descifrar antes de que la pregunta se formulase.
-Bien, todo bien. -Susana sonreía, su tía, también, y Aitor suspiraba disimuladamente de alivio y claro, también sonreía. -Aitor, ¿ha pasado algo? -preguntaba Susana asustada por la presencia del abogado.
-¿Cómo que Aitor, Susana? ¿Qué modales son esos? -Reñía Ainhoa a su sobrina por las confianzas tomadas, así sin más, con el abogado de su padres. Claro que su tía no sabía nada de lo que estaba pasando.
-Jajaja, no te preocupes, Ainhoa. Yo le dije a tu sobrina que me tuteara. No pasa nada, Susana. -Se dirigía a la joven con una sonrisa tranquilizadora. -Venía, simplemente a decirte que había estado con tu padre y que todo va bien. Y ya, pues para saber como te iban...los estudios. Para informar a tu padre, claro, que me ha preguntado.
La conversación fluía normal para Ainhoa, pero Susana y Aitor estaban demasiado nerviosos, aunque lo disimulaban bien. Parecía que había pasado una eternidad, cuando el teléfono de casa sonó. Ainhoa, se disculpó ante Aitor y se dirigió a coger la llamada.

-Susana, ¿como estás? ¿Lo tienes? ¿Te ha visto alguien? -aprovechó el abogado la ausencia de Ainhoa para preguntar sobre los informes.
-Si, los tengo en mi mochila, a salvo. No te preocupes, nadie se ha enterado de nada. -A Susana no le gustaba mentir, nada, y ya había cogido esa costumbre. No quería arriesgarse a contarle a Aitor lo sucedido en el hospital e involucrar a Miguel aún más.
-Perfecto. Pues yo me marcho. Dile adiós a tu tía de mi parte.- Segundos después, aparecía Ainhoa en la cocina.
-¿Ya se ha ido el Sr. Santos?
-Sí, me ha dicho que tenía cosas que hacer y que sentía irse sin decirte nada.
-Que atento - contestaba con una sonrisa tímida -¡Am!. Por cierto, la llamada, era tu abuelo. Quiere que vayas a verle. Me ha insistido tanto que, en fin, le he pedido que venga a cenar.

A Susana no le hacía ninguna gracia y, menos aún, con lo que tenía guardado en su mochila. ¡Los informes! Tenía que revisarlos.
-Tía, voy a mi habitación un rato. Tengo que repasar unos temas del examen. ¿Me avisas cuando esté el abuelo?


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