sábado, 20 de febrero de 2016

Capitulo 14

Sentados en una terraza alejada del hospital, Susana y Miguel se relajaban, intentando olvidar el incidente ocurrido hacía unos minutos. Realmente, quien se relajaba era Susana, pues su taza bailaba entre sus manos debido a los nervios acumulados y a la tensión liberada por la "sustracción".

Se calentaba las manos y miraba el borde de la taza, sin levantar la vista. Tenía suficiente con sentir la mirada penetrante de Miguel para, encima, tener que mantenérsela.
Miguel, sin embargo, entrelazaba sus dedos sobre la mesa esperando, paciente, a que Susana recobrase la compostura y la serenidad y cogiese fuerzas para explicarle todo el show de los informes.

-¿Y bien? ¿Estás ya más calmada? -preguntaba Miguel a la temblorosa Susana con una media sonrisa. -Te he dicho que podía esperar lo que necesitases, pero como sigas bebiendo tila te vas a dormir y yo me quedaré con la intriga.

-Esta bien. Antes de que me juzgues, quiero que lo escuches todo. Sé que solo es mi versión, que tampoco me conoces, pero ya que me has..."pillado", que menos que contarte mi verdad. 
-Susana, he dicho que te escucharía. Y lo haré. No te voy a interrumpir.
-Vale. -Coge aire, lo suelta lentamente y empieza a contarle su historia.- Hace seis años, mi padre fue condenado por asesinato premeditado. Lo condenaron por asesinar a su suegra. Ja, parece de película o de telenovela colombiana. Mi abuelo denunció, había pruebas que lo incriminaban, pruebas muy realistas, la verdad, y acabó siendo declarado culpable. Yo, su hija, en lugar de darle un voto de confianza, lo condeno como padre. ¿Qué iba a hacer? Había arrebatado la vida de mi abuela, destrozando a mi madre. Yo no entendía nada, yo solo veía la incredulidad y el dolor en el rostro de mi madre y me abracé a ella espiritualmente y nunca la abandoné; sin embargo, a mi padre, le di la espalda por completo. Mi madre ha fallecido dejando una carta, la cual está en mi posesión, donde revela todo lo ocurrido antes de la muerte de mi abuela y por qué mi padre fue considerado culpable. Ella supo la verdad poco antes de enfermar, pero no tenía fuerzas para seguir con el juego y con su enfermedad a la vez. Su mejor cura fue desahogarse.
-¿Qué dice la carta? -Interrumpió, impaciente, Miguel.
-La verdad, ¿qué si no? .Miguel levantó una ceja, extrañado por el comentario de Susana. -Perdona, sé que te refieres a literal. Pero eso más tarde. El caso es que, con la ayuda del abogado de mi padre, me puse a investigar para sacar a la luz la verdad y, así, poder sacar a mi padre de la cárcel. Después del feo que le hice, es lo menos que puedo hacer por él. Y aquí entra la historia de los informes. Necesitaba comprobar que la autopsia de mi abuela estaba manipulado, que el ADN que encontraron no era de mi padre. Pero no fue eso lo que encontré. Hay dos informes de autopsia de mi abuela: uno verdadero y otro falsificado, entregado a la policía. Uno ha sido directamente archivado, y otro, utilizado como arma contra mi padre.
-¿Estás segura de lo que estás diciendo, Susana? Eso podría considerarse delito. Podría provocar el arresto del doctor que haya constatado esa autopsia. Ha falsificado pruebas,,.¡y una autopsia!.
-Aún no estoy tan segura, Quiero revisarlo bien, asegurarme. Por eso me llevaba los informes. Pero ahora que me has pillado, supongo que los tendré que devolver. -Susana agachaba la mirada hacia su taza.
-¡Ni hablar! Ya lo tienes en tu poder y yo, bueno, yo puedo mirar para otro lado y hacer como que no se nada. Es más, te voy a ayudar, así terminarás antes con tu investigación.
-No hace falta, Miguel. El abogado de mi padre me ayudará en todo, Eran amigos antes y le debe una. No quiero involucrar a nadie más.
-Pero quiero ayudarte. No se, tengo la sensación de que me necesitas y de que te puedo ser útil, tarde o temprano. -En ese momento, el teléfono de Miguel empezó a sonar. -Un segundo, tengo que coger esta llamada.

Miguel se levantó y se alejó de la terraza. Susana miraba como conversaba de manera alterada con alguien. Se ve que algo le iba mal. Parecía cabreado o molesto.
-Sí, estoy con ella. No lo sé aún, pero estoy cerca de saberlo. Tengo algunos datos, pero los quiero confirmar. No, ya te he dicho que no. Estoy intentando convencerla para que me deje ayudarla. Sí, te mantendré informado. Está bien. Adiós.

Miguel volvía a la terraza con una sonrisa. -Nada, mi madre, que está empeñada en que no como bien. Perdona, ¿en qué estábamos? ¡Ah, sí! En que te voy a ayudar con tu investigación.
-jajaja, vaaaale -accedía Susana entre risas -pero si veo que la cosa se pone más fea de lo que está, se acabó,
-Trato hecho. 

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