lunes, 14 de marzo de 2016

A través del espejo

Cada vez que miraba al espejo la misma figura triste la observaba. No se había percatado hasta entonces de su estado. Se había mirado tantas veces, tan acostumbrada a verse, que nunca se hubiese imaginado que algún día se daría cuenta de que ahí estaba ella. En el fondo de esa imagen demacrada, triste y envejecida, se encontraba la joven que algún día fue.

Después de mucho tiempo, sacó su estuche de maquillaje, guardado en el último cajón de la cómoda, junto a las medias de seda y la lencería fina que dejó de usar hace ya algún tiempo. Ya ni se acordaba de cómo maquillarse. No recordaba la última vez que pintó sus labios de ese carmín que tanto le gustaba a él. Él. Una palabra tan corta, dos simples letras, que retumban incesantes en su cabeza. Él, quien se ha convertido en su aliento y en su agonía. Él, quien a la vez es salvación y perdición. Él, por quien ha dado todo a cambio de nada. Pues por él, ha sacado su estuche de maquillaje.

Una base de un tono más oscuro que su piel, cubre su rostro y las marcas de una última visita inesperada. Ya no parecía tan pálida, tan muerta. Una sombra clara, un marrón suave, cubre sus párpados. Inútilmente, intenta disimular las ojeras por la falta de sueño y cansancio aplicando un poco de base y un poco de color. Antes, cuando aplicaba el rímel sobre sus pestañas, sus ojos adquirían una fuerza y una intensidad que enamoraban. Ahora, simplemente, cubren la ausencia de brillo en la mirada y disimulan la rojez de sus ojos. Y por último, el toque maestro: su labial carmín. Lo aplicó amorosa, con calma, como si pintase con un suave pincel a una Madonna.

Se miró al espejo y ahí estaba, el reflejo de lo que algún día fue. Nunca hubiese imaginado que esa sería la última vez que miraría su rostro en el espejo y su reflejo la observaría: tan bella, tan arreglada, tan cambiada. Ahí estaban los 12 años que le había dedicado, ahí estaban las noches sin dormir, ahí estaban los llantos y gritos, ahí estaban sus últimos sufrimientos vividos. Ahí estaba, junto al carmín, su libertad.
Imagen original

«Mira, ya lo has conseguido. Y sin mancharte la camisa.» El reflejo se iba perdiendo, se iba convirtiendo en un espejismo mientras ella se arrodillaba ante el lavabo y dejaba que su vida escapara a través de la ventana. Ahí estaba, junto al carmín, junto a la libertad, otra vida que se esfumaba en silencio y en soledad.

domingo, 28 de febrero de 2016

Capitulo 15

Mi pequeña, mi niña. Te preguntarás del por qué de esta carta. Ya no sé cuánto más resistiré esta enfermedad, ni tampoco sé cuanto más podré callar este secreto que me abrasa. Sigo sin entender que mal hizo tu padre para merecerse estar encerrado, siendo inocente. Sí, hija, inocente. Ya no puedo soportar más este calvario y necesito contarte la verdad. 

sábado, 20 de febrero de 2016

Capitulo 14

Sentados en una terraza alejada del hospital, Susana y Miguel se relajaban, intentando olvidar el incidente ocurrido hacía unos minutos. Realmente, quien se relajaba era Susana, pues su taza bailaba entre sus manos debido a los nervios acumulados y a la tensión liberada por la "sustracción".

Se calentaba las manos y miraba el borde de la taza, sin levantar la vista. Tenía suficiente con sentir la mirada penetrante de Miguel para, encima, tener que mantenérsela.
Miguel, sin embargo, entrelazaba sus dedos sobre la mesa esperando, paciente, a que Susana recobrase la compostura y la serenidad y cogiese fuerzas para explicarle todo el show de los informes.

-¿Y bien? ¿Estás ya más calmada? -preguntaba Miguel a la temblorosa Susana con una media sonrisa. -Te he dicho que podía esperar lo que necesitases, pero como sigas bebiendo tila te vas a dormir y yo me quedaré con la intriga.