sábado, 26 de diciembre de 2015

Una nueva oportunidad

Ella, de pronto, dejó de llorar. Ya no le encontraba sentido a las lágrimas. Antes, al menos, le ayudaban a consolarse, pero ahora, ahora, ya estaba todo perdido. Se levantó del sillón, secó sus lágrimas, le dio un beso en la frente y salió por la puerta principal de casa. Esa última imagen quedó grabada en la retina de Gabriel. 

Mientras Lucía caminaba, con lágrimas en los ojos, otra vez, repasaba mentalmente todo lo que había ocurrido que le habían hecho llegar a la situación en la que se encuentra. No se daba cuenta de lo que pasaba a su alrededor, estaba sumida en sus pensamientos. Cada vez que recordaba, nuevas lágrimas brotaban de sus ojos enrojecidos. 

Sabía que no lo había hecho bien, pero no conseguía nada con martirizarse. Se dice que cuando falla algo en una pareja es culpa de uno, pero no tiene por qué ser así. Lucía solo sabía llorar, aunque no le servía de nada. Solo lloraba y lloraba. Gabriel se había quedado sentado en el sillón, no había ni pestañeado, tampoco se esperaba que esto fuese a pasar.